Fuimos por recomendación de unos amigos y no nos equivocamos. La ubicación es estupenda, el servicio encantador y muy atento. El hotel es pequeñito, con muy pocas habitaciones, pero no lo cambiaría porque es lo que hace que sea tan personal.
En nuestro caso estuvimos en la habitación 6, en la última planta, que era una maravilla, nada que envidiar a las de los grandes hoteles. Mención especial al desayuno; no se puede elegir (aunque se adaptan a necesidades, preguntan por alergias etc) pero ponen de todo, y todo riquísimo, casero y muy completo.
Lo único es que no tiene ascensor, pero damos fe de que subir a la 4 planta tampoco es imposible. Merece la pena.
Relación calidad-precio inmejorable. No dudaría en repetir si volviese a Oporto.Más
- Wi-Fi gratis
- Bar/Salón













